El puerperio, postparto o cuarentena.

Me he decidido a escribir esta entrada, en primer lugar por mí. Este es mi rincón personal, y si algún día vuelvo a ser madre, quiero que esto no se me olvide. Escuchareis decir que los dolores del parto se olvidan, y sí, es cierto, yo ahora lo recuerdo como un suspiro. Pero voy más allá, casi todos los momentos malos se van quedando atrás, y guardas un vago recuerdo. Lo que en su momento te pareció un mundo, con el tiempo te parecerá que fue un segundo. Y como yo aún tengo bastante presente mi postparto, quiero dejarlo por escrito, porque posiblemente algún día leer estas palabras me reconfortará. Ahora sé que soy la mejor madre que Mario pueda tener, igual que cada madre es la mejor para sus hijos, eso no lo dudéis. Pero hubo días de oscuridad en el proceso y quiero decirlo alto y claro ¡el postparto es duro, muy duro!

Lo segundo, porque, al igual que yo busqué experiencias de otras mamas en su momento, me gustaría contar la mía para intentar ser de ayuda, y sino al menos servir como consuelo. Con que a una sola mamá le alivie leer esto me conformo.

Por último, también me gustaría que la gente que no ha pasado  por este proceso o las que lo vivieron hace ya tanto que lo han olvidado, sean capaces de entender y respetar un poquito este momento. Bastante tiene la reciente mamá con lo que tiene como para aguantar a ciertas personas irrespetuosas o “metepatas”. Esto no durará eternamente, procurar ser de ayuda y no poner las cosas mas difíciles es fundamental.

Pues bien, allá vamos…

El puerperio, esa palabreja que en si misma ya suena mal, y de la que posiblemente no sabrás de su existencia hasta que te quedes embarazada. Te sonará eso de la cuarentena, sobre la que corren mil rumores, pero, primera mentira, lo que yo entiendo como puerperio, desde luego no son cuarenta días. Te hacen creer que, mágicamente, después de 6 semanas, todo vuelve a ser como antes, y nada más lejos de la realidad. Si tienes la suerte de tener un buen parto, sin epidural y rapidito, a lo mejor, y solo a lo mejor, tu recuperación es más rápida y algo menos traumática. No fue mi caso, un parto inducido de 30 horas de duración que acabó en fórceps, pasa factura, tanto física como psicológicamente. Pero, casi me atrevería a decir, que lo de menos es la recuperación física, que también tiene lo suyo, sino amoldarte, en todos los sentidos, a tu nueva realidad.

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Piensas que cuando te pongan a tu bebe encima, e inicies el famoso piel con piel, estarás en una nube de felicidad tal que nada importa. Y si, desde luego es un momento mágico e irrepetible, eso por encima de todo, pero también de miedo y responsabilidad. Una nueva personita depende total y absolutamente de ti. Tú serás el espejo en el que se refleje. Sus alegrías y sus llantos los sentirás mas que él. Será lo más importante de tu vida, tu mejor proyecto.

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Estaba realmente agotada, pero sí que es verdad que, supongo que por efecto de las hormonas, estuve unas horas de completo subidón, no parecía que hacía dos días que no dormía absolutamente nada. Tenía claro que quería dar pecho, y enseguida iniciamos la lactancia materna. Eso que crees que es algo natural, un instinto que tanto tú como tu bebé vais a hacer de maravilla en el primer intento, resulta que no es así. Tu bebé intenta comer, pero no acaba de acertar, y tú, más perdida que otra cosa, no sabes por dónde tirar. Es entonces cuando alguna matrona intentará echarte una mano, que si pon la boca así, que si la lengua, que si el pezón… en fin, que hablando claro, hazte a la idea de que, si quieres que tu lactancia materna sea exitosa, vas a vivir con las tetas fuera una temporada. Yo, que siempre he sido muy pudorosa, creo que he perdido toda mi vergüenza, y he enseñado mis exuberantes pechos de mamá lactante a media ciudad..:-).

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Pasadas las primeras horas, en las que ya los orgullosos abuelos, tíos, primos y demás familia (lo de las visitas en el hospital da para otra entrada, yo lo tuve claro, prohibidas casi todas. Antes de dar a luz ya sabía que necesitaría mi espacio, y ¡menos mal!), han conocido al nuevo miembro, empecé a sentir lo realmente cansada y dolorida que me encontraba. Cuando intentaba cerrar el ojo, ahí estaba él para recordarme que tenía hambre, y es aquí cuando empiezas realmente a darte cuenta de que, de aquí en adelante, él y sus necesidades van a ser siempre lo primero para ti, incluso tu salud va a pasar a un segundo plano.

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Nos pasamos esa primera noche en el hospital prácticamente en vela. Mario y yo estuvimos toda la noche pegados intentando que cogiera el pecho. Sé que no es lo que os recomendaran, pero yo no podía seguir viendo a mi bebé berrear por hambre, así que pedimos una “ayudita” de leche artificial (seguro que no le hubiese pasado nada sin ella y posiblemente la subida de leche sin estas “ayuditas” hubiese sido más rápida, pero nosotros es lo que decidimos en ese momento). Estas ayudas venían en forma de jeringuilla, y mientras Mario estaba al pecho, su padre iba intentando meterle en la boca la leche (todo un circo, nada que ver con esos anuncios de la tele de lactancia de ensueño). De esta manera, el bebe no se confundirá y además conseguimos que la succión sea la misma, lo cual es vital para la subida de la leche.

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Te das cuenta que esto de la lactancia materna no es moco de pavo, es intenso, duro, doloroso y complicado. Yo quería descansar, lo necesitaba realmente, pero no era posible. Tu bebé te reclamará constantemente y te sentirás mal, muy mal porque tú lo que quieres es dormir. Recuerda, eres humana, no es que lo quieras, es que lo necesitas.

Pasada esta primera noche de hospital, vendrá el día siguiente, en el que probablemente te des cuenta de que te cuesta andar, levantarte, sentarte, y, casi cualquier movimiento de cintura para abajo. Posiblemente también te cueste hacer tus necesidades, en esto todo influye. El efecto secundario de la epidural, si es que la hubo, el miedo a que se salten los puntos y la revolución que está teniendo lugar en tu organismo. No te agobies, todo pasa, te lo aseguro.

Saldréis del hospital, y ya la cosa empieza a ser radicalmente distinta a lo que habías imaginado. No estarás ni de lejos tan mona y radiante como Kate Middleton a la salida de St Mary. Probablemente tengas unas ojeras hasta el suelo, la tez pálida por el esfuerzo y la posible anemia postparto, y una barriga que te hace plantearte si no te quedará otro bebé todavía dentro.

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Os plantareis en casa con vuestro hijo que te necesitará 24 horas al día, y posiblemente más perdidos que otra cosa. El cansancio se va acumulando, y un bebé de verdad, en la mayoría de los casos, nada tiene que ver con eso que te han vendido. Un bebé llora mucho, te reclama todo el rato y no cada tres horas, tiene gases o cólicos o como lo quieres llamar, duerme cuando quiere y come cuando quiere, no cuando tú quieres (la frase esa de dormir como un bebé, no se quien la habrá inventado, pero desde luego, no conocía a mi hijo). Todo el mundo querrá conocer al recién llegado, pero es posible que tú no tengas ganas de ver a nadie.

La lactancia !oh dulce agonía¡ sigue sin ser esa maravillosa experiencia que te habían contado. Tus pezones se agrietan, y duelen tanto que cada vez que tu hijo intenta tocarlos se te caen las lágrimas. Pruebas con cremas especiales para curarlos y pezoneras, que algo hacen, pero tampoco es la panacea. Solo queda pasarlo lo mejor que puedas, porque como todo, esto pasa, aunque sé de buena tinta, que cuando estas en ello no crees que ese día llegará.

Yo tuve fiebre alta a los diez días de dar a luz. No sabían de donde venía esa fiebre, me asustaron diciéndome que igual tenía que pasar por quirófano para realizar un legrado porque la fiebre podía venir de algún trozo de placenta que hubiese quedado dentro. Primero probaríamos a usar un antibiótico por si era algún virus que podía haber cogido en el momento de dar luz a consecuencia de los fórceps. Menos mal que con esto se solucionó, pero fue algo que también me pasó factura, no quería bajo ningún concepto volver al hospital  y que volviesen a removerlo todo cuando parecía que los puntos empezaban a curar.

El cansancio hace mella, y posiblemente lo pagues con los que tengas más cerca, y más con el papá de la criatura, que también está cansado y también está pasando su propio postparto. Es posible que en esta época discutas más con tu pareja que en toda tu vida. Solo puedo aconsejaros intentar ver las cosas con perspectiva, y paciencia, mucha paciencia.

Y llorar. Llorar todo lo que necesitéis, porque, como me dijo mi matrona cuando fui a contarle todas mis penas, todas lloramos, y la que no llora malo. Esa es la que posiblemente se lo esté quedando todo dentro y eso es el primer paso para una depresión de caballo. El postparto es una época difícil, llena de dudas y de soledad. Aunque la gente que tienes alrededor te apoye y esté para ayudarte en lo que necesites es posible que te sientas sola. Tu vida ha dado un giro radical en muy poco tiempo y necesitas amoldarte a tu nueva realidad. 

No sé exactamente cuánto duró mi postparto, o si igual tengo momentos en los que todavía sigo en él. Criar a un bebé es difícil, duro y agotador pero sobretodo es gratificante, increíble y una experiencia única. Pero, por encima de todo, todos y cada uno de los dolores pre y postparto, de las preocupaciones, de las noches en vela y un largo etcétera que está por venir, merece total y absolutamente la pena. Cuando tu hijo te regale su primera sonrisa, se ría a carcajadas, te coja de la mano, se acurruque en tus brazos y se duerma feliz, veréis que nada importa.

Pues hasta aquí la entrada de hoy. Espero que a las que estáis pasando por estos momentos os reconforte aunque sea un poquito. Las que ya pasasteis por esto, me encantaría saber cómo lo vivisteis. ¡Animaros a comentar!

Un besote fuerte y a empezar la semana con fuerza.

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Recuperar el peso después del parto

Buenos días. Hoy ni es lunes, ni día 1 del mes, ni primer día del año. Hoy, día 21 de Abril del 2016 me propongo seriamente empezar la “operación bikini”.

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Durante mi embarazo, no os voy a engañar, no me privé de nada. Comí lo que me dio la real gana que para eso era yo la que estaba creando un bebé. Que con esto no digo que no haya que cuidarse eh!, pero vamos, que si me apetecía un helado (y me apeteció en muchas ocasiones 🙂 ), no iba a dejar de tomarlo por no engordar, no fuera a ser que mi primogénito naciese con alguna mancha debido a mis antojos no satisfechos, y no queremos eso ¿verdad? 😀 😀 :-D. Aun así la ganancia de peso no fue exagerada (14 kilos), jamás me riñeron en ninguna revisión (me parece la leche que a algunas, por pasaros unos gramillos, os pongan “pingando”). Mario pesó casi 4 kilos, así que echar cuentas, entre unas cosas y otras casi hasta había adelgazado 😀 😀 😀 (que más quisiera yo que esto fuese verdad).

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Esta soy yo el día antes de dar a luz.

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Y este es Mario con 3 días. Estaba hermosote, menudos musletes que tenía (y tiene).

Cuando llegué a casa después de 3 días en el hospital muerta de cansancio como nunca en mi vida, me fui a la báscula creyendo que por lo menos tenía que haber perdido 10 kilos. Casi me da un ataque cuando poco más y ese maldito chisme del infierno me dice que había engordado. Apenas había perdido 2 kg ¿Cómo era eso posible si había tenido un bebé de 4? ¿Había engordado con la “exquisita” comida del hospital? ¿Tenía otro bebé dentro y no lo sabía? Pues la verdad es que no sé cuál fue el motivo, pero estuve unos cuantos días después del parto que no hacia más que hincharme, tenía los pies como dos globos sonda. Todo esto para animar más todavía el maravilloso postparto (me acuerdo y me entran los siete males). Pasada la primera semana (más o menos, la verdad es que tengo bastante borrosas las fechas de los primeros meses después del parto), empecé a perder peso a un ritmo de casi kilo diario. Os puedo asegurar que no fue debido a ningún tipo de dieta, es más, si durante el embarazo comía mucho, durante la lactancia incluso más. Dar el pecho me dio (y me sigue dando) mucho hambre y mucha sed. Mientras Mario se ha alimentado exclusivamente de leche materna el peso se ha mantenido a raya (llegué a estar tan solo 1 kg por encima de mi peso antes del embarazo a los 3 meses de dar a luz). Pero cuando él ha empezado con la alimentación complementaria, lo cual ha coincidido con mi reincorporación al trabajo, he empezado a engordar otra vez. Puedo imaginar a que se debe esto, entre que ahora estoy más horas sentada y que ya no necesito tantas calorías para producir leche, ya que las tomas se han reducido a la mitad, pues eso, a engordar se ha dicho (y ya vamos por 6 kg).

No quiero parecer superficial, pero necesito verme bien conmigo misma, no pienso abandonarme a mi suerte por el hecho de ser mamá, así que hoy, a Dios pongo por testigo, empieza mi dieta. No estoy yo muy puesta en este tema, alguna vez he hecho dieta, pero ya hace años. Me he decidido por la dieta de puntos, que a simple vista parece algo más llevadera que las demás, ya os contaré…

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Estaba pensando también en apuntarme a un gimnasio, pero sinceramente, no encuentro donde encajarlo en mi día a día. Espero que ahora que empieza el buen tiempo y salimos a pasear casi dos horas diarias, me sirva para ponerme algo más en forma, que parece que no, pero tirar de carrito por las cuestas de esta ciudad hace musculo 🙂 .

Por cierto, aprovecho este post para dejar claro que esas que recuperan el “tipito” a los días de dar a luz, pasan más hambre que el perro de un ciego, eso o son de las cuatro extraterrestres que habitan en la tierra, no existen los milagros. No os dejéis engañar y que no os vendan que a los pocos meses de dar a luz tenemos que estar estupendisimas y como si nada hubiese pasado en nuestros cuerpos. Yo quiero perder peso porque quiero verme mejor, pero no aspiro a volver a tener el cuerpo de antes de ser mamá, es que ni me lo planteo ni me preocupa. He sido madre y muy orgullosa de ello, mi tripa plana quedará en el recuerdo de mis años mozos 🙂 .

Vosotras, ¿en cuánto tiempo recuperasteis el peso después del parto?¿Engordasteis mucho en el embarazo? ¿Hicisteis dieta, ejercicio o ambas?

Un besote y a disfrutar del día, que ya queda nada para el fin de semana.

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